Escrito por: el 30-11-12 | 0

La verdadera revolución

En el año 2001, en la Review of General Psychology, apareció el texto titulado “Bad is Stronger Than Good” (“Lo Malo es Más Fuerte que lo Bueno”). En éste los investigadores Baumeister, Bratslavsky, Vohs y Finkenaur, sugieren que la idea de que “el mal es más fuerte que el bien” puede ser considerada como un principio general puesto que se manifiesta en un amplio espectro de fenómenos psicológicos, entre los que se detalla que la información negativa es procesada con mayor profundidad y velocidad, que la información positiva.

Esto se debería, afirman, a que la psiquis del ser humano estaría predispuesta de manera innata a enfrentar así la adaptación a la que nos obligan los desafíos y exigencias de nuestra vida diaria.

Imaginemos por un instante un hombre de las cavernas que acaba de enfrentar el ataque de un tigre dientes de sable. Su instinto le llevaría, sin duda, a registrar el episodio con especial profundidad en la memoria, para no correr el mismo riesgo en el futuro, así como también le impulsaría a compartir su experiencia con otros para prevenirlos de enfrentar ellos esa amenaza.

Aclaran eso sí los investigadores, que esto no significa que el mal siempre triunfe sobre el bien, pero sí que para que el bien prevalezca, deben acontecer muchos eventos positivos que superen los efectos psicológicos de uno sólo negativo. Baste recordar el viejo refrán que afirma que “las malas noticias vuelan” o las sabias palabras de Mark Twain quien advertía que “una mentira puede recorrer media vuelta al mundo cuando la verdad recién se está poniendo los zapatos”. Estas manifestaciones confirman que no sólo la investigación sino nuestra propia experiencia cotidiana de las relaciones personales y sociales, dan cuenta de este fenómeno.

Hoy, además, ello se da en un momento de la humanidad en que el libre flujo de la información y el rol preponderante de los medios de comunicación en la construcción social y de la cultura, son la tónica. Por supuesto, cualquier tecnología o medio se puede usar para el bien o para el mal, pero ¿quién querría trabajar concientemente para lo segundo y no para lo primero? Nadie, diríamos ¿cierto? Y sin embargo los medios de comunicación en general, parecen embarcados en esa (errónea) tarea. Sólo un botón de muestra: de acuerdo a un reciente estudio del Consejo Nacional de Televisión, aproximadamente un 80% de los contenidos de televisión para niños desde los 6 hasta los 12 años, tienen “presencia de violencia”. Por su parte, en otro estudio también del CNTV, “los padres opinan que la televisión muestra un exceso de violencia en sus emisiones, especialmente en programas de tipo informativo y en su oferta de ficción”.

El desafío, entonces, consiste en ponerse a trabajar por un desarrollo cultural que considere la difusión y profusión del bien -o de información positiva, si se quiere- en cantidades abundantes y que sobrepasen por mucho el volumen de las negativas. Y en este sentido, gracias a las ventajas de las nuevas tecnologías e internet, estamos como nunca, en una posición de privilegio. Ha llegado el momento de dar espacio a través de la buena comunicación, a las buenas ideas.

Estamos a tiempo para innovar y crear nuevas alternativas de información que nos ayuden a ver la vida con una nueva perspectiva positiva. La revolución de la tecnología ya es una realidad. Lo que hoy necesitamos (en palabras del profesor Francisco Pérez-Latre) es una revolución de la amabilidad. Esa será la verdadera revolución. No será fácil, pero ¿quién dijo que las buenas obras lo son?

 

Nota: Texto original publicado en ChileB.cl

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